Por las calles

BAIRES EN COLECTIVO

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Una pelea en horario pico.

Son cerca de las 6 de las tarde de un día laborable. Plaza Miserere –comúnmente conocida como Plaza Once- y sus inmediaciones es un gigantesco espacio a cielo abierto, donde coinciden miles y miles de usuarios, decenas de líneas de colectivos. En la parada del 116 ubicada sobre Bartolomé Mitre (entre Ecuadro y Pueyrredón) la fila es extensa. Una parte de los pasajeros espera el vehículo con cartel blanco; otros aguarda que llegue el de cartel rojo. Son dos recorridos que se bifurcan en la zona de Sarandí.

El colectivo de cartel blanco se aproxima y estaciona junto al cordón. Empieza a subir la gente. Pero un incidente, inesperadamente paraliza la típica rutina urbana. Las puertas del medio están abiertas, presumiblemente, para que pueda subir una joven mamá con su cochecito. En él, traslada a dos nenas de unos tres o cuatro años cada una. Mientras la mujer realiza el ascenso, el chofer cierra la puerta. El griterío es instantáneo. “¡Ehhh…!”, se indigna la multitud. Por la vereda, el papá de las nenas se dirige hacia la parte delantera del colectivo para reprocharle al conductor su procedimiento. Los dos se involucran en una breve pero encendida discusión. También interviene el inspector que controla la salida de los coches de la línea.

Pareciera que el conductor se equivocó y las puertas vuelven a abrirse. Pero cuando la chica hace el intento de ingresar otra vez al rodado, la escena se repite: se cierran las puertas. Ahora el griterío es mucho mayor. El muchacho pierde la compostura y sube por adelante con el propísto de golpear al chofer. Este, sentado en su asiento, acomoda el cuerpo para defenderse. Finalmente no hay agresión física, pero el clima sigue siendo muy tenso. El padre, nuevamente desde el exterior, exclama: “Te vas a comer una causa porque la nena está dolorida”. El chofer discute con el joven y con el inspector.

Pasan los minutos. Algunos integrantes de la fila, que observaban en silencio, comienzan a impacientarse: “¿Podemos arrancar?”, pregunta uno. Dos policías arriban al lugar  y conversan amigablemente con la pareja. Poco a poco, los ánimos van calmándose. El conductor, disgustado, se baja con sus cosas. Lo reemplazará el chofer de otro colectivo de la línea, que esperaba estacionado atrás. Una vez que se realiza el cambio, ascienden los viajeros que aguardaban en la larga fila. También lo hacen los papás y sus hijas. Esta vez sí lograron atravesar la puerta del medio sin dificultades. El hombre se queda en la parte central con el cochecito y una de sus hijas. La mujer se sienta en uno de los asientos de adelante, con la otra hija sentada sobre sus rodillas. El transporte se llena. Minutos más tarde, ya con el rodado en marcha, la nena se queda dormida. La mamá sigue charlando con algunos pasajeros que la rodean. Durante la conversación, dice que no le harán juicio al chofer.

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