Por las calles

BUENOS AIRES TE DA SORPRESAS

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Por Andrés Rosen

En 1978, mientras cursaba estudios terciarios en la carrera de ingeniería química, conseguí un empleo en una fábrica de esmaltes cerámicos situada en Martínez, partido de San Isidro. Lamentablemente, a fines de 1979, la apertura de las importaciones y la consiguiente caída de las ventas de esta empresa, produjo que perdiera el trabajo. Al mismo tiempo, la  intervención de la Universidad de Buenos Aires por parte del gobierno militar, los cambios en los planes de estudio y ciertos problemas particulares en la comprensión de las materias avanzadas de la carrera terminaron por hacerme abandonar los estudios.

A principios de 1980, conseguí otro trabajo por intermedio de una agencia que me envió a la fábrica de cigarrillos Nobleza Piccardo, en la función de técnico químico en control de calidad. La empresa estaba en Caballito, a menos de dos cuadras del límite con Parque Chacabuco: Puán 470, entre José Bonifacio y Pedro Goyena, en un edificio que actualmente es la sede de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Unos meses después me trasladaron al sector de depósitos, en el control de la recepción de la mercadería utilizada en la elaboración de los cigarrillos. Eran dos depósitos, uno en Emilio Mitre al 500, frente al galpón donde se guardan las formaciones del subterráneo de la Línea A, que en aquella época llegaba solo hasta Primera Junta, y que salían a la superficie por Avenida Rivadavia, doblando a la izquierda en Hortiguera hasta Directorio, y nuevamente a la izquierda en Emilio Mitre hacia el garage. Este circuito se utiliza desde 1980, precisamente, como recorrido turístico del tranvía histórico de Buenos Aires.

El otro depósito estaba en Puán 715. Gracias a esta circunstancia tuve la posibilidad de conocer un antiquísimo árbol de la ciudad, el pacará de Segurola, en Puan y Baldomero Fernández Moreno, a pocos metros de mi sitio de trabajo. A su sombra, durante más de 20 años, a partir de 1810, el doctor Saturnino Segurola aplicaba la vacuna antivariólica. El ejemplar original fue derribado en 1990, por representar un peligro para los vecinos. Un retoño del mismo ocupa hoy su lugar.

Al ser este trabajo temporal, es decir, a través de una agencia, sucedió algo que era probable: todos los empleados que estábamos en tales condiciones fuimos desvinculados cuando la fábrica se trasladó al predio que ocupaba la General Motors, en Avenida General Paz y Avenida de los Constituyentes. Previendo esta contingencia, yo ya me había contactado con varias empresas del rubro cerámico, aunque mis intentos de volver a trabajar en el rubro fueron infructuosos.

También, en esos años, con un Citroen Ami 8 que había comprado para tener un ingreso extra, trabajé como vendedor de productos de pastelería, específicamente, tortas, que compraba en una fabrica de Camargo y Acevedo (Villa Crespo) y que luego revendía. Recuerdo, como mi principal cliente, al buffet del tradicional Club Belgrano, ubicado en Arribeños y José Hernández. Entretanto, me relacioné con un compañero de trabajo del sector de administración, de nombre Aldo, que también dejó la empresa y trabajaba como taxista en la Capital Federal. Por sus consejos decidí seguir ese rumbo laboral y así volví a recorrer las calles de Buenos Aires, desde una nueva perspectiva, ahora, como profesional del volante. Una nueva vida laboral empezaba, ahora, como trabajador independiente.

Foto: el retoño del «pacará de Segurola», en la esquina de Baldomero Fernández Moreno y Puán.

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