Por las calles Yo Digo

DEL MUNDO-TAXI AL SUPERKIOSCO (II)

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Por Andrés Rosen.

El primer año que me tuvo como kiosquero, entre 1990 y mediados de 1991, tuvo las complicaciones propias de la situación económica de la Argentina. El país estaba recién saliendo de una fuerte hiperinflación, pero aún sufría aumentos de precios constantes, lo que nos obligaba a estar siempre muy atentos a las variaciones en las listas que recibíamos de los distribuidores mayoristas, especialmente, en el rubro de los cigarrillos. Allí se invertía un importante capital, en tanto el margen de ganancia era mínimo. En consecuencia, debíamos mantener un importante stock para estar cubiertos ante los aumentos constantes de sus precios y no descapitalizarnos. Al asumir en marzo de 1991 Domingo Cavallo como Ministro de Economía, lanzó un plan de convertibilidad y consiguió frenar la inflación. Por lo tanto, comenzó un periodo de tranquilidad y reactivación del consumo, algo beneficioso para toda la sociedad y por supuesto, para el comercio en general, incluyendo nuestro pequeño emprendimiento.

Juguetes para las nenas

Recuerdo sobre todo, que a fines de 1991 o principios de 1992 (no puedo precisar exactamente la fecha), tuve el orgullo de atender a Diego Armando Maradona, que había traído a sus pequeñas hijas a disfrutar de la calesita y los juegos anexos al kiosco. Se acercó entonces a nuestro negocio y compró algunos juguetes para Dalma y Gianinna. Como es de suponer, se produjo un enorme revuelo en todos los alrededores y gran cantidad de gente se aproximó para tratar de ver de cerca al máximo referente de la historia del fútbol argentino. En lo personal, me quedé sumamente impactado al conocerlo, y no atiné a cruzar más que unas pocas palabras con Diego, quien en ese momento estaba suspendido –su último club había sido el Nápoli de Italia- y no jugaba para ningún equipo. De lo que estoy seguro, y recuerdo claramente, es haberle hecho una señal de apoyo, levantando ambos pulgares hacia arriba, deseando al igual que todos los aficionados al fútbol del mundo, su pronto regreso a las canchas.

Ya la zona había estado convulsionada en 1990, después del Mundial de Italia, pues en un edificio de Juramento al 2600, a pocas cuadras del kiosco, vivió por algún tiempo Sergio Goycochea, quién pasó a la historia del balompié por sus atajadas en dos series de penales ejecutadas en dicha Copa del Mundo. Paradójicamente, yo lo había visto atajar nueve años antes, en 1981, defendiendo la valla de Defensores Unidos de Zárate contra Excursionistas en el Bajo Belgrano, siendo ésta la primera vez que llevé a mi hijo a la cancha, cuando tenía dos años. Volviendo al kiosco y mi relación con Excursionistas, la necesidad de tener abierto el negocio los sábados y domingos por la gran cantidad de familias con chicos que disfrutaban de los juegos en horas de la tarde, me impidió mantener la regularidad de asistir a los partidos del Verde, cosa que venía haciendo en casi todos los sábados en que jugaba como local, desde 1982.

En lugar de uno, dos kioscos

Al poco tiempo, el dueño de la calesita y los juegos aledaños, que alquilaba el terreno donde estos funcionaban y nos sub-alquilaba el sector del kiosco a nosotros, nos ofreció hacernos cargo de otro negocio similar, que también funcionaba como anexo a una calesita con juegos infantiles, en la Avenida Cabildo al 1100 (entre Aguilar y Céspedes), a unas cinco cuadras de la estación Colegiales, por lo cual, para poder atender los dos kioscos en forma simultánea, tuvimos que buscar personal para que nos ayudara. Uno de nuestros empleados fue entonces mi sobrino Pablo, el hijo de mi socio Alfredo.

Foto: Ciudad de la Paz entre Mendoza y Juramento, la cuadra donde estaba el «Superkiosco». 

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