Por las calles

MUJERES EN EL MAPA DE BUENOS AIRES

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Manuela Sáenz.

Es una de las numerosas arterias de Puerto Madero, identificadas con mujeres. En el caso de Manuela Sáenz, nace en Pierina Dealessi, junto a uno de los diques de la zona portuaria. Se extiende por unos 300 metros (de los cuales aproximadamente los últimos 250, los realiza mediante un trazado con curvatura) hasta finalizar en la Avenida de los Italianos. Al igual que la mayoría de las calles del barrio, su nomenclatura data de 1997.

Manuela Sáenz de Vergara y Aizpuru nació en Quito, Ecuador, el 27 de diciembre de 1797. Falleció en Paita, Perú, el 23 de noviembre de 1856. Patriota ecuatoriana, se la reconoce  como heroína de la independencia de América del Sur y como la “Libertadora del Libertador”, seudónimo otorgado por Simón Bolívar, cuando salvó la vida del prócer venezolano. Recibió fuertes críticas de algunos de sus contemporáneos por su actitud provocadora para la época. En ese sentido, la influencia política que ejerció la llevó al exilio.

Vivió sus primeros años en un convento ya que poco después de nacer, debido a una enfermedad falleció su madre, María Joaquina de Aizpuru. Su padre, Simón Tadeo Sáenz de Vergara y Yedra, era funcionario de la Real Audiencia de Quito y estaba casado con Juana del Campo Larraondo y Valencia, con la que tuvo varios hijos. Manuela terminó su educación en el Monasterio Santa Catalina de Sienna.

En 1817, se unió en un matrimonio -arreglado por su padre-, con un médico inglés, James Thorne, quien era muchos años mayor que ella. Sin embargo, no finalizarían sus días juntos, pues Manuela, una vez que se incorporó al ejército bolivariano, también dejó a su esposo y a pesar de su insistencia, no volvió con él.

Ya enrolada en las fuerzas independientistas, en julio de 1821, el General José de San Martín, le concedió el título de Caballeresa de la Orden El Sol del Perú. Ese mismo año conoció a Simón Bolívar. Manuela se encargaba de la asistencia a los heridos y el apoyo logístico. Luego abandonó a su marido, y permaneció junto al libertador venezolano durante ocho años, hasta la muerte de Bolívar.

El 25 de septiembre de 1828, evitó el asesinato de Bolívar, al interponerse ante un grupo opositor y darle tiempo para que escapase por una ventana del Palacio de San Carlos, en lo que se denominó la conspiración Septembrina de Bogotá.

Combatió en el ejército colombiano bajo las órdenes del Mariscal Antonio José de Sucre en las batallas de Pichincha, Junín y Ayacucho, que consagraron la independencia de Ecuador y Perú, respectivamente. Su actuación le valió un ascenso al grado de coronela.

En 1834, cuando murió Bolívar, el nuevo gobierno colombiano la desterró y se exilió en la isla de Jamaica. Emprendió el regresó a Ecuador en 1835, pero no alcanzó a llegar a la ciudad de Quito, instalándose en el norte del Perú.  Durante los siguientes 25 años se dedicó a la venta de tabaco, más allá de la tarea de traducir y escribir cartas a los Estados Unidos de parte de los balleneros que pasaban por la zona, y de hacer bordados y dulces por encargo.

Falleció el 23 de noviembre de 1856 durante una epidemia de difteria que afectó la región en la que vivía. Su cuerpo fue sepultado en una fosa común del cementerio local y todas sus posesiones fueron incineradas, para evitar contagios. Entre sus pertenencias estaba la correspondencia amorosa que había recibido de Bolívar. Recién a mediados del Siglo XX, se dio su mayor reconocimiento por la labor que tuvo en la Independencia de los países latinoamericanos.

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