Por las calles

NI EL BARRIO ME DIGAS

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Problemas que padecen los porteños: pasó acá, pero puede pasar en cualquier lado.

Las imágenes son elocuentes. Los edificios en construcción se propagan por la Ciudad de Buenos Aires. Una casa de una o dos plantas en una calle tranquila de barrio, en breve, podría devenir en un complejo edilicio de unos siete u ocho pisos. El predio que ocupa una estación de servicio en una avenida, tiene grandes posibilidades de convertirse en la base para una imponente torre. Son apenas un par de ejemplos: la construcción está en auge y ello también es una especie de imán que atrae controversias entre vecinos y funcionarios, entre vecinos y desarrolladores inmobiliarios y, desde luego, también, entre los propios vecinos, que expresan su disgusto fundamentado en unas cuantas razones: algunos hacen hincapié en la deficiente calidad de vida que provoca la contaminación sonora, la suciedad, el estrés, el mal funcionamiento de los servicios. También se enfatiza en la irrefrenable transformación que sufren los barrios y la pérdida del valor de sus propiedades, mientras otro grupo, que pareciera no inmutarse ante estos cambios en el día a día porteño, prefiere tomarlo como un símbolo de progreso afín a las grandes ciudades del planeta. Y en el medio de esta polémica, además se mezcla el condimento de la política partidaria, que invade cada rinconcito de la vida de los argentinos.

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Lo concreto es que ante el avance de la construcción, varios grupos contrarios a la edificación incesante, han conseguido organizarse para plantear una oposición más formal. En Belgrano y Núñez, por caso, donde estos desarrollos inmobiliarios han transformado zonas de casas bajas en un área abundante en torres, los vecinos reunidos en asambleas, lograron activar un freno después de años de lucha. A partir de los reclamos, la reforma al Código Urbanístico fue contemplada por Ley en la Legislatura, por lo que en determinadas manzanas, la altura de los edificios ya no puede superar los nueve metros, al margen de otras reglamentaciones que contribuyen a preservar la identidad histórica de los barrios. Estas variantes, se formalizaron en 2022.

La iniciativa fue imitada en otras zonas de la Capital Federal, como Villa Ortúzar y Villa Devoto, sitios en los cuales son notorios los cambios que la construcción introdujo en el paisaje histórico barrial. Últimamente, también Chacarita se sumó y mediante una asamblea, sus habitantes decidieron presentar un proyecto de ley que le ponga un límite al Código Urbanístico sancionado en 2018. Por ahora, este es un somero panorama de cómo está la situación. Mientras la edificación sigue en auge, los porteños que no ven esto con buenos ojos, han pasado del reclamo informal a la acción concreta.

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