Por las calles

PREPARATIVOS PARA EL REGRESO AL ASFALTO

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Por Andrés Rosen.

En tanto duró mi experiencia en el rubro kiosquero, me había mantenido en contacto con Guillermo, un muchacho a quien conocí mientras conducía el taxi –actividad que desarrollé entre 1982 y 1990-, pues tenía un taller de relojería al cual yo concurría a efectuar el tarifado y las reparaciones del reloj del auto. Guillermo era dueño de dos taxis, y cuando en 2001 le bajé la persiana a mi kiosco del barrio de Congreso, me abrió la posibilidad de volver a recorrer las calles de Buenos Aires bajo el techo amarillo, esta vez como chofer, y no como propietario. Entonces decidí volver a mi antiguo trabajo. Ante la decepción sufrida con mi último kiosco, no quise volver a intentar suerte en un nuevo local.

El taller de Guillermo estaban en Emilio Lamarca al 3100, casi esquina Tinogasta, en Villa del Parque. Para llegar hasta allí en colectivo no tenia dificultades porque tomaba uno de la línea 80, desde su cabecera de Barrancas de Belgrano, hasta la Avenida Francisco Beiró y Campana, en un viaje directo por Juramento, Cabildo, José Hernández, Avenida de los Incas y Beiró. En cambio, su domicilio particular estaba en Gómez de Fonseca al 500 (entre Morón y Aranguren) en Floresta, a pocas cuadras del shopping a cielo abierto de la Avenida Avellaneda. Para trasladarme hasta allí tenía varias opciones: las líneas 63,113 y 114, que iniciaban el recorrido en Virrey Vértiz entre Echeverría y Juramento. También el 107, que pasaba por Monroe, pero que ya venia cargado con pasajeros desde Ciudad Universitaria, con excepción de algunas unidades que salían desde La Pampa y Ramsay, por lo tanto la probabilidad de viajar sentado se achicaba, lo cual, ante la perspectiva de un viaje de por lo menos cincuenta minutos, era un detalle importante.

Determiné usar las tres líneas mencionadas y controlar el tiempo de viaje en cada una de ellas. Tanto la 63 como la 113 me dejaban en Avenida Rivadavia y Carrasco, a unas cinco cuadras del domicilio de Guillermo, pero eran trayectos complicados. El 63 tenia que cruzar los pasos a nivel  de Federico Lacroze y el Ferrocarril Mitre en Colegiales, el del Ferrocarril San Martín en La Paternal, y finalmente la barrera mas complicada de Buenos Aires: la de Nazca en su cruce con el Sarmiento, con mucho tránsito y un intenso flujo de camiones de gran porte. En cambio el 113 evitaba las barreras del Mitre, cruzando bajo el puente de Elcano y Crámer, y la del San Martín, pasando por el antiguo puente de Avenida San Martín entre Chorroarín y Punta Arenas (La Paternal), pero cruzaba las vías del Urquiza por Chorroarín y las del Sarmiento por la también complicada barrera de Avenida Boyacá, y además su recorrido se abría demasiado al pasar por las cercanías de Villa Urquiza.

En definitiva me decidí por utilizar el 114, haciendo  un viaje bastante directo pero también, interrumpido usualmente por tres barreras: la del Mitre en Monroe, pasando el Hospital Pirovano, la del Urquiza en Fernández de Enciso, llegando a la plaza Arenales en Villa Devoto, y la del San Martín por Chivilcoy, que me dejaba en Segurola y Aranguren, a tres cuadras de Gómez de Fonseca. Este traslado se abrevió en aproximadamente 15 minutos al inaugurarse en 2011 el Metrobús de la Avenida Juan B. Justo, gracias al cual tardaba menos viajando desde Belgrano a Puente Pacifico en el 55 o 118, y después con el 34 o 166, hasta Juan B. Justo y Carrasco. Todos estos viajes los hacia para llegar a lo de Guillermo y conversar con él sobre los detalles de mi futura relación laboral, y para ir conociendo el coche que iba a manejar.

Foto: la esquina de Emilio Lamarca y Tinogasta, destino de una extensa travesía en colectivo (Google Street).

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