Por las calles

SE VOTÓ EN CABA

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El día amanece pesado y con amenaza de lluvia. Hoy se vota en CABA… Y en el resto del país, claro está. Salgo a la calle  poco antes del mediodía. Apenas piso la vereda me topo con la primera sorpresa (¿será también la última?): un cuponcito rectangular –el comprobante de la votación- tirado sobre las baldosas. ¿Alguien lo perdió o lo dejó caer adrede? Como de costumbre en elecciones, hay un movimiento inusual, con grupos de personas que caminan en busca de las escuelas y clubes de barrio afectados a la jornada electoral.

Si algo caracterizó los comicios porteños de agosto, fue la demora y el fastidio de la gente. Con la esperanza de que esta vez no ocurra lo mismo, me dirijo al establecimiento que me tocó, que es el mismo que en las PASO. El hecho de que en esta ocasión no haya voto electrónico, es un aliciente que implica que el acto comicial sería más agil. En una plaza, un hombre que habla por teléfono, le cuenta a su interlocutor que nada tuvo que esperar para emitir su sufragio. Pero cuando faltando unos minutos para las 13 hs. arribo al colegio que me indicó el padrón, vuelvo a sorprenderme al comprobar que la fila es casi tan larga como la vez anterior. Sin embargo, enseguida recupero la sonrisa interior: se avanza rápidamente. Los celulares vuelven a ser grandes aliados para afrontar la espera, por más corta que esta sea. Mucha gente recurre a ellos… Ver los dibujos y trabajos de los alumnos en las carteleras del pasillo también ayuda.

Una integrante del operativo policial abre una ventana con la meta de ventilar las instalaciones. El aire que Ingresa al corredor es muy bienvenido. Ya estoy cerca de la puerta del aula donde voy a votar, perteneciente a Tercer Grado B. Del recinto se asoma un muchacho. Les pide a los integrantes de la fila que tengan a mano el número de orden, para evitar demoras. Por fin, quedo en el primer lugar, y cuando sale una persona, me introduzco en el aula. Desde la mesa, me dicen que “todavía no”. Adentro hay gente que aún no votó. Parece que me apuré, que la ansiedad me jugó una mala pasada.

Unos segundos después, sí… ¡Adentro! Entrego el DNI, me dan el sobre y me ubico detrás del biombo, atento a la oferta de listas y partidos. A mi derecha están las boletas para la elección local. A mi izquierda, las nacionales. Meto el sobre en la urna, firmo, me devuelven el documento, agradezco, saludo y salgo. Afuera, el clima sigue pesado. Por momentos aparece el sol, por momentos se nubla, pero los pronósticos de lluvia no se concretan.

Es hora de volver a casa. Almuerzo de pastas y una siesta reparadora, contribuyen a matizar la espera, que en esta oportunidad, ya no tiene que ver con emitir el voto sino con conocer sus resultados. No enciendo la televisión ni la radio. Me siento a escribir esta nota. Una fugaz lectura de los titulares en Internet, me permite saber que la jornada se está desarrollándose con normaildad. En un par de grupos Whatsapp, circulan resultados a boca de urna. En uno de ellos, la discusión política alcanzó una elevada temperatura, aunque el intenso ida y vuelta, así como llegó, se diluyó.

A medida que tecleo las líneas finales, veo que la hora clave (6 de las tarde) va aproximándose. ¿Qué pasará dentro de un rato en la Argentina? Muy pronto lo sabremos.

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