En la ciudad pasan cosas, aunque usted no las vea.
Cecilia Grierson y Juana Manso.
El clan familiar llega al sitio indicado. Una zona portuaria, en el límite entre Puerto Madero y Retiro. José Luis, Carolina y sus dos hijas se disponen a hacer un viajecito en catamarán. Así lo habían programado desde que supieron que una empresa de turismo organizaba paseos por el Río de la Plata. Por Internet y por teléfono, habían hecho las averiguaciones correspondientes: horarios, precios… Y todo encuadraba. Eligieron la última salida del día: aproximadamente, entre las 5 y las 6 de la tarde. El paseo consistía en subir a la embarcación, la cual haría un breve recorrido por la costa de Puerto Madero, sin alejarse demasiado de la orilla. Entonces, se podría contemplar Buenos Aires desde el agua. Sin dudas, accederían a una vista panorámica excelente y no tan común.
El horario escogido, permitiría, incluso, que antes de partir, el matrimonio hiciera una siestita en casa. Era una jornada desprovista de actividad escolar y con pocas obligaciones laborales. Efectivamente, después de almorzar, José convenció a su esposa de echarse a dormir un rato. Ella, aunque no muy convencida, aceptó. Después se levantaron y los cuatro salieron a realizar su mini-turismo por la Ciudad. Tomaron un colectivo, descendieron en la zona del Bajo y caminaron hasta el punto de partida.
Y allí están ahora, en un lugar atípico. Dentro del territorio porteño, pero, al mismo tiempo, bastante lejos del ruido de la jungla de cemento. Hay un muro de chapas, un puesto de vigliancia y una dársena desde donde se supone, saldrá el catamarán. No se ve mucho movimiento. José Luis se acerca a la casilla a preguntar. Sale un empleado de seguridad. “Sí, es acá, pero la última excursión del día salió hace unos minutos…”, contesta el hombre. Los integrantes de la familia se miran. Hay desconcierto, desilusión, resignación, bronca… José Luis entendía que estaban llegando bien, pero evidentemente, por no chequear mejor el horario, no alcanzaron el barco. El suave reproche de Carolina todavía resuena en su cabeza. “Si en vez de tirarnos a dormir hubiéramos salido más temprano…”.
Pero al mal tiempo, buena cara: el disgusto pasó. Los cuatro ya están disfrutando de un paseo por Puerto Madero. Claro, a pie…
(*) Si bien los nombres de quienes protagonizan las historias han sido modificados deliberadamente, las anécdotas son verdaderas.
Foto: Cecilia Grierson y Juana Manso (Google Maps).