A pesar de estar radicado en el exterior, Pablo Bedrossian disfruta Buenos Aires y siente una inmensa satisfacción cuando recorre lugares poco conocidos de la Ciudad, en especial, pequeñas calles popularmente identificadas como pasajes. En su sitio web personal (pablobedrossian.com) ese placer queda en evidencia, si el lector se detiene a analizar la cantidad de notas que ha escrito y las fotos que ha tomado a partir de su visita a estos recovecos porteños escasamente frecuentados. En dialogo con este medio, comentó:
-Siempre me gustó entrenar por lugares nuevos. Como recorría distancias largas, al salir a correr descubría calles y rinconcitos por toda la ciudad. Pero fue el lanzamiento de la primera edición de “Los ignorados pasajes de Buenos Aires” del Dr. Eduardo Balbachan lo que me movió a salir todos los fines de semana a conocer un pasaje porteño diferente.
-Debe haber varios, pero si tuvieras qué elegir el pasaje más raro, ¿con cuál te quedás?
-Si… Hay varios, pero para mí el más misterioso se encuentra en Monte Castro: es el pasaje Trieste, que Alejandro Dolina, menciona en su relato “Los amantes desconocidos”. Es muy angosto y está oculto; solo lo cruza otra calle curiosa, llamada Juan A. Boeri. Un vecino del pasaje Trieste comentó en mi blog que a partir de la publicación de la nota comenzaron a haber robos, pero otro le respondió que no tenía nada que ver, así que tuvimos un pequeño sainete criollo tras darlo a conocer (no he encontrado otra nota sobre ese pasaje). Un pasaje extravagante es el Luis Dellepiane. Corre entre las calles Tucumán y Viamonte, paralelo a Montevideo y Rodríguez Peña, entre las cuales se encuentra. Aunque con circulación vehicular, es poco transitado y conocido, pese a estar a muy pocas cuadras de las avenidas Corrientes, Córdoba y Callao. En la sección más cercana a la calle Viamonte, hay curiosas muestras de arte urbano, sin un signo definido. Por ejemplo, hay un mural de aspecto surrealista junto a otro que parece una caricatura. Puede admirarse un mural del grupo BA PASTE UP, reconocido por sus collages de pegatina y la cereza del postre lo constituye la Casa David, ya en la esquina, con curiosos relieves en su fachada, incluyendo una hamburguesa y un pancho sobre la calle Viamonte y otros que parecen media lunas en la parte superior de la ochava.
-¿El más lindo?
-El más lindo es probablemente el Pasaje de la Piedad, que nace y muere en Bartolomé Mitre entre Montevideo y Paraná. Allí uno se olvida de la vorágine y siente aroma a barrio. En mi opinión, el más glamoroso es el Pasaje General Paz, en Colegiales. Se trata de un pasaje peatonal privado con accesos por las calles Ciudad de la Paz 561 y Zapata 552.
-¿Y el más feo?
-Nunca hablaría del más feo, porque todos tienen su propio encanto. Hay algunos que pueden ser peligrosos, sobre todo de noche, por ejemplo, el Santa Magdalena, debajo de la Estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Roca.

-¿Llevás la cuenta de cuántos pasajes visitaste? ¿Tenés una lista de cuáles te faltan recorrer?
-No llevo la cuenta; de todos modos, no es un número fijo, porque es difícil definir que es un pasaje; no soy de los que restringe el concepto a los peatonales, pero muchos de los vehiculares son realmente calles de una cuadra. Pronto voy a publicar un artículo sobre uno de ellos, el pasaje Malasia de Belgrano, que crea un espacio único en la ciudad, al estilo de la Rue Crémieux de París, o Sylvan Terrace o Washington Mews, en New York. Además, un segundo factor afecta la cuenta: hay una tendencia a reducir la circulación de automotores en la ciudad y continuamente calles se van convirtiendo es vías peatonales; por ejemplo, Cantilo, al lado de la Facultad de Ingeniería en la Avenida Las Heras, que hoy es, más bien parte de la Plaza Emilio Mitre. En cuanto a los que me faltan recorrer son muy pocos y uso la lista de la edición definitiva de “Los ignorados pasajes de Buenos Aires” que acaba de ser lanzada.
-¿Cuál es el criterio mediante el cual elegís el próximo pasaje al que vas a ir?
-Me atrae lo pintoresco y curioso, no lo estándar. Hay calles y pasajes que uno visita simplemente por saber que son únicos: por ejemplo, la Colonia Obrera de Pompeya con sus pasajes internos peatonales, el pasaje Buteler en Boedo, que es la única calle en equis de Buenos Aires, la anchísima y sorprendente calle Juan Darquier, de una sola cuadra, del lado este de la Estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Roca, los pasajes Julio Dantas y Guillermo Granville en Santa Rita. Entonces, si me entero de uno que tiene algo único, se convierte en mi prioridad.
-Más allá de este hobby, ¿a qué te dedicás?
-Soy médico cardiólogo, pero trabajé muchos años como gerente comercial y de país en empresas farmacéuticas Actualmente me dedico a la consultoría, proyectos y formación directiva con la empresa que fundé hace 8 años, GO UP / Expertos en Negocios, pero no vivo ni trabajo en Argentina: estamos radicados con mi esposa en Honduras, Centroamérica, desde hace 20 años. ¿Cuál es el truco? Viajar todos los años a Buenos Aires y ver la ciudad con ojos de asombro. Los artículos están en mi blog donde escribo de todo. Además vuelco allí experiencias de viajes; viajar es una de las cosas que espero nunca dejar de hacer.
– ¿Qué le recomendarías visitar a los amantes de Buenos Aires?
-Quisiera mencionar tres de las perlas ocultas de Buenos Aires. La primera es la plazoleta Francisco López Torres, en Parque Patricios, que, créase o no, es un pedacito de París en Buenos Aires. La segunda, el Barrio Monseñor Espinoza, en Barracas, con sus pasajes internos; se encuentra en la misma manzana que Editorial Perfil. Finalmente, la calle Juez Tedín en Barrio Parque. Buenos Aires, está llena de maravillas.