Hoy: Colonia (Uruguay).
El contexto de la visita:
En la década del ’90, el dólar y el peso argentino tuvieron el mismo valor a lo largo de casi todo el período. Esta medida sostenida por el gobierno de Carlos Menem, impulsó a muchos argentinos a viajar fuera del país, aprovechando ese “1 a 1” que unos años después, en 2002, y ya durante la presidencia de transición de Eduardo Duhalde, encontraría un abrupto punto final.
Antes, con la paridad cambiaria, una enorme cantidad de argentinos atravesó las fronteras. Durante el verano de 1999, con la que era mi novia –actual esposa- también determinamos realizar una escapadita al exterior. ¿Un mes en Europa? ¿Quince días en Cancún? ¿Una semana en Camboriú? Nada de eso. A un domingo en Colonia, Uruguay, apuntó la decisión. Pero para darle un sentido más aventurero al viaje, quisimos combinar dos medios de transporte: ferry y… bicicleta. Gracias a que estaba permitido llevar bicis a bordo, nos pareció atractiva la idea de recorrer la pequeña ciudad uruguaya y sus alrededores en nuestros rodados. Para esto, un domingo, muy temprano, pasé a buscar a mi compañera por su casa del barrio de Almagro. Cada uno en su bicicleta, nos dispusimos a recorrer el largo trayecto que separaba Carlos Calvo y Muñiz, de Avenida Córdoba y Eduardo Madero, donde se encuentra la terminal de la muy conocida empresa que por las aguas del río más ancho del mundo, une este país con el vecino rioplatense.
Ya en territorio portuario, se presentó un inesperado inconveniente. Circulábamos por Ingeniero Huergo, rumbo a la terminal. Al pasar junto a una comisaría, personal policial nos hizo señas para que parásemos. Enseguida nos informaron el motivo. Minutos atrás habían detenido un hombre con drogas y se estaba por realizar el procedimiento rutinario, mediante el cual en presencia de testigos, al sujeto se le secuestran los elementos prohibidos. De modo que dos de los testigos, seríamos nosotros. No nos quedó otra alternativa que acatar las indicaciones del uniformado. Es decir, bajar de las bicis y entrar en la dependencia policial, donde ya se encontraba la persona en cuestión y, creo, más testigos. Mezcla de fastidio y resignación, comenzó nuestra incómoda espera. El operativo no era rápido. Por el contrario, el protocolo demandaba un tiempo que estaba complicando nuestra llegada a horario a la terminal. Más allá de que no era agradable el tema que nos mantenía en la comisaría, todavía faltaba para que nos llamaran a nosotros, y si los minutos seguían corriendo también peligraba nuestro anhelado viaje. Por eso, había que actuar con urgencia: juntando coraje me arrimé a un joven policía (tal vez el mismo que nos paró en la calle). En voz baja y respetuosamente, le dije la verdad. Mis palabras, aunque no recuerdo si me atreví a tutearlo, fueron más o menos estas: “Mirá, nosotros tendríamos que irnos, tenemos los pasajes para Uruguay y si no salimos ahora, no vamos a poder viajar”.
El oficial comprendió la situación y accedió de inmediato. Con gran alivio, y tras agradecerle, partimos raudamente de la seccional. Unos minutos más de intenso pedaleo, nos condujeron al punto de partida de nuestra escapada a Colonia. Sin problemas, subimos al ferry y dejamos los vehículos en un sector externo de la amplia embarcación. Unas dos horas más tarde, estábamos recorriendo en bicicleta, la coqueta ciudad uruguaya.
Allá vamos.
Colonia del Sacramento fue fundada en 1680 por el portugués Manuel Lobo. Al hacerlo, la llamó Colonia do Santíssimo Sacramento. En 1777, y luego de haber atravesado por tratativas y enfrentamientos bélicos entre ambas fuerzas conquistadoras, la aldea pasó a la jurisdicción española. Luego, también estuvo durante un breve período bajo la dominación inglesa y –nuevamente- la portuguesa, pero la corona española la recuperó una y otra vez, hasta que finalmente, en 1828, Colonia pasó a ser parte del flamante territorio del Uruguay, que concretó su independencia de España en aquel año.
En 1995 la ciudad fue declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad, al reflejar una fusión de estilos arquitectónicos portugueses, españoles y poscoloniales. Pero no siempre gozó de la buena reputación que tiene hoy en día: durante muchos años, fue un pueblo poco valorado y aparentemente, desprovisto de atractivos. En 1968 se lo comenzó a rescatar del olvido, con el respaldo de medidas gubernamentales que apuntaron a recuperar su casco histórico. En la actualidad, sigue siendo un destino muy elegido por turistas de numerosos sitios del planeta.
Ubicado a unos 177 kilómetros de Montevideo, es la capital del Departamento de Colonia, en la región sudoeste del país. Un censo de 2010, dictaminó que posee 26231 habitantes.
Fotos: algunas imágenes de Colonia (portaldecolonia.com.uy).


