¿Cómo un kiosco-librería puede transformarse en un inmenso local repleto de góndolas y miles de artículos? Seguramente, una de las claves está en que el propietario de esta empresa familiar que el 25 de enero cumplió 30 años en el barrio, ha sabido ir aggiorándose a los tiempos que corren. En esta nota, él mismo lo explica.
La libería está en ebullición. Y es lógico: la época del año así lo requiere. El comienzo de las clases provoca que el movimiento sea incesante en este enorme local de Elcano entre Superí y Conde. En la caja, José Ascorti no para de atender gente. Y cuando al fin se toma un respiro, llega La Voz de Colegiales a formularle la entrevista. Pero el dueño de esta empresa que en enero cumplió 30 años, no se hace problemas ni pierde la amabilidad: «En marzo siempre los noticieros vienen a hacer reportajes, así que ya estoy acostumbrado», apunta. De inmediato, se somete a nuestro cuestionario, de cuyas respuestas, extrajimos las siguientes opiniones:
«En esta ubicación estamos desde hace ocho años. Pero arrancamos en la esquina de Elcano y Superí. Era, al principio, un kiosco con artículos de librería. Lo instalamos junto con Alicia, mi señora, para que estuvieran mis suegros. Después la cosa fue creciendo. Crecimos junto con el barrio».

«El de la librería es un rubro donde hay que trabajar muchísimo. Pero a la vez, es muy noble. Lo podés ir adaptando a los tiempos que corren. Esto se fue transformando en un autoservicio asistido. A la gente le gusta recorrer, mirar, elegir, casi como en un supermercado. Y uno tiene que saber estar a la altura de los cambios. Hoy ya no podés vender sólo las cosas que se vendían hace 30 años».
«Antes de este negocio yo no había hecho nada en librería. Pero me gustó tanto, que a los dos años ya era integrante de CAPLA (Cámara Argentina de Papelerías, Librerías y Afines). En 1988 asumí como secretario hasta el año pasado. Lo que pasa es uno se cansa, cumple un ciclo. Nosotros ya tenemos dos nietos, Ulises y Julieta, y llega un momento necesitás dedicar más tiempo a disfrutar de la familia».
«Fue muy lindo compartir la Cámara con los colegas. Eso también te ayuda a progresar, el intercambio es muy beneficioso. Con ellos siempre me he llevado bárbaro, incluso con los del barrio. De nada te sirve ser egoísta».

«Junto a librerías de todo el país, hace más de 20 años fundamos MegaRed. Pero en la crisis de 2001 explotó todo. Ahora, integramos el Grupo SUMA. Somos ocho librerías de Capital y la Provincia de Buenos Aires que colaboramos mutuamente. Cuando se hacen las cosas en grupo quizás el crecimiento sea más lento, pero a la larga, llegás más lejos».
«Recuerdo que cuando empezamos, ni las computadoras existían. Yo tenía todo en la cabeza. Hoy, no me acuerdo ni un solo precio de memoria. ¿Cuántos artículos hay? 16 mil. Para que un negocio funcione bien, si el cliente pide algo, vos no podés darte el lujo de no tenerlo. La exigencia es alta, pero ahí es donde está la fortaleza. El surtido es lo importante».

«Lo que menos me gusta de este trabajo es la cantidad de horas que le tenés que dedicar. La verdad que es sacrificado. Pero es tan dinámico, hay tanto para hacer que no tenés tiempo de aburrirte. Y eso, al mismo tiempo, es lo que me resulta más atrapante».
