Por Andrés Rosen.
Voy a referirme a dos fenómenos climáticos extraordinarios. Ambos me encontraron circulando por las calles de Buenos Aires. El primero ocurrió el 26 de julio de 2006, día en que aconteció la intensa granizada que a partir de las cuatro de la tarde, afectó a la Capital Federal y sus alrededores. Piedras de inusual tamaño dañaron gran cantidad de vehículos, entre ellos, el mío, aunque, afortunadamente, no revistieron mucha gravedad.
Recuerdo que cuando comenzó el desastre metereológico, estaba circulando por Avenida 9 de Julio hacia el Sur, sin posibilidades de buscar un refugio seguro. A partir de ese día se produjo una psicosis entre los automovilistas: ante cualquier amenaza de tormenta se veían vehículos debajo las autopistas o en las estaciones de servicio.
El otro suceso inesperado se produjo el 9 de julio de 2007, día en el cual nevó en Buenos Aires después de 89 años, ya que el antecedente más inmediato había sido en 1918. Al ocurrir en un feriado se dio la circunstancia de que al comenzar la nevada, alrededor del mediodía, yo me encontraba de visita en casa de un amigo, en el barrio de Flores. Pero al continuar el fenómeno durante toda la tarde, salí a trabajar, por primera y única vez, con la compañía del manto blanco que se formó en las calles y las plazas.
Otro fenómeno metereológico -al cual ya me referí su oportunidad- fue la impresionante tormenta y consecuente inundación en la zona del Puente Pacifico, el 31 de mayo 1985. Este tipo de sucesos, en menor escala, se repetía frecuentemente en nuestra ciudad, ante los desbordes de los arroyos Maldonado (bajo la Avenida Juan B. Justo),Vega (que corre por debajo de la calle Blanco Encalada) y Medrano (bajo Garcia del Río). Por ser vecino del barrio de Belgrano, siempre viví de cerca el desborde del Vega, que convertía a Blanco Encalada y calles aledañas en un torrentoso “río”, y resultaba notable observar a los colectivos circulando por la Avenida Cabildo con el agua que superaba sus guardabarros.
Cuando cesaba la lluvia, se producía invariablemente, el hecho que los comercios arrasados por la entrada del agua -fundamentalmente en el rubro indumentaria- durante varios días ofrecían su la mercadería dañada con importantísimos descuentos. También se observaba cómo se acumulaba gran cantidad de compradores sobre Cabildo, en especial, entre Mendoza y Monroe.
Sumamente dramática y trágica resultó la inundación que padeció el barrio de Saavedra, el 2 de abril de 2013, en las zonas situadas encima del entubado arroyo Medrano. Algunas viviendas soportaron más de un metro de agua en su interior, sobre todo en el Barrio Mitre y la avenida Ruiz Huidobro, en lo que fue la jornada más luctuosa de la historia del barrio. Afortunadamente, en los últimos años, con motivo de las obras realizadas se redujeron enormemente los perjuicios provocados por las tormentas en Buenos Aires. Esto me da pie para comenzar a describir la gran cantidad de cambios que observé en la fisonomía de la ciudad, desde mi privilegiada ubicación, al volante de un taxi.
Foto: 9 de julio de 2007, un paisaje nevado con el Obelisco de fondo.