El Restaurante Bambi es un clásico de Colegiales. Su historia, está emparentado a una trama familiar que condujo a un español y a un italiano, a asociarse para abrir un bar-almacén en los años 60. El paso del tiempo encontró a Bambi, aunque con el mismo nombre de fantasía, algo cambiado. Y bajo la supervisión de Robero Ragazzi, el hombre que le abrió las puertas a nuestro medio periodístico para contar cómo nació el negocio y cómo se encuentra en la actualidad.

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MIS VIEJOS arrancaron acá en 1963. Era un bar-almacén.  Después tuvo varios cambios. En 1987 hicimos una reforma, con el objetivo de modernizarlo un poco. Esto era una propiedad muy vieja. Los planos originales databan de 1910. En algún lado tengo el libro municipal con inspecciones de ese año, o de 1915. Lo convertimos en una cafetería, y habíamos dejado un espacio para poner almacén pero como justo vinieron Coto y Discoal barrio, esperamos a ver qué pasaba. Y se dio que el bar comenzó a funcionar bien, entonces agregamos algo de comida. Eso habrá sido por 1990. En el 2000 pusimos restaurant con cafetería y a partir de 2002, exclusivamente restaurante.
ESTO ERA de mis viejos y mi tío. Mi papá italiano, mi tío (hermano de mamá) español. Se llevaban bárbaro, a pesar de los orígenes. Mi viejo se encargaba más del almacén y mi tío, estaba en la cafetería, de la que yo -ya con 15 años- me hacía cargo cuando él se iba de vacaciones. Esto de la atención al público me gustó desde muy chico.

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AL LLEGAR DE ITALIA mi viejo pasó por barrios rubros. Heladería, por ejemplo. Mi mamá y mi tío, en cambio, tuvieron bar y almacén en la zona de Barrio Norte. Cuando  se conocieron  decidieron seguir con lo mismo. Buscaron por acá y compraron esta esquina. Con el transcurso de los años yo empecé a atender, a hacer reparto a domicilio.  A medida que fuimos creciendo, junto con mi primo, se fue transformando en el negocio de toda la familia. Los papás van poniendo grandes y a partir de aquella reforma directamente comenzamos a hacernos cargo nosotros.
LA ÉPOCO NO ayuda mucho. Ya son varios años de caída del trabajo. Desde el conflicto del campo, allá por 2008, creo. A los restaurantes nos afectó mucho todo eso. Cuando nos aumentan la carne y todo se pone tan caro, se vuelve difícil. Comer afuera es lo primero que dejás si viene la crisis. Te vas ajustando y te quedás en tu casa, Pero bueno, acá estamos, tratando de subsistir.

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LA COSA ESTÁ IRREGULAR, por lo general los fines de semana a la noche es donde se ve mayor cantidad de público, son los días fuertes. De lunes a viernes es impredecible. Los medidodías por ahí se mueve un poco más y la noche es más tranquila. Pero puede cambiar. No hay una constante como años en que vos te movías con una cierta cantidad de cubiertos. Quizás un día hacés casi 40 cubiertos y 24 horas después, tenés cuatro o cinco personas. Eso nos complica al trabajar con mercadería perecedera. A veces, cuando la mano viene así de mal, uno piensa largar todo y dedicarse a otra cosa. Pero bueno, son las reglas del juego.
LA VEO BASTANTE COMPLICADA a esta época en particular. Había levantado pero luego bajó. Lo de los aumentos de las tarifas fue un golpe importante. De todas formas, hay una clientela fiel. No te diría que a diario, porque comer afuera todos los días, no existe. Pero tenemos clientes habituales. Tratamos de hacer como con la cafetería: tener un contacto muy fluido con ellos, saludarlos con un beso, saber qué es lo que consumen habitualmente. Eso le da un sentido de pertenencia al lugar.
NO TENEMOS UN PLATO fuerte puntual. El objetivo es que la comida se sienta lo más casera posible. Sea cualquiera el plato. Esto es cocina porteña: tenés desde pizza y empanadas, pasando por una milanesa, algún plato estilo oriental, un wok, menú de estilo italiano, español en los mariscos… Tratamos de cubrir los gustos de todo el mundo.

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¿EL NOMBRE? Toda la vida se llamó Bambi. En un principio habían hecho un mural y un cliente que venía acá, hizo el Bambi de Walt Disney, que es el mismo que está en la puerta. Y quedó así.
EL BARRIO se ha modernizado mucho. Está lindo Colegiales. Al igual que la Ciudad, no es el de hace 30 o 40 años. Obviamente, a medida que avanza pierde tranquilidad. Pero los cambios siempre benefician. Hay que tratar de acompañarlos. Si bien hay más competencia, está bueno porque eso trae más gente. Si estás sólo, es más difícil. Si hoy van enfrente, mañana por ahí vienen acá, y viceversa. La gente va probando, conoce y elige. Hay público para todo. Nosotros también intentamos traer lo nuevo, pero en cuanto a estilo, este es un restaurante de los tradicionales. Con mozo, con manteles. A muchos les gusta comerse una milanesa con papas fritas o unos fideos a la bolognesa y hoy en día, estos restaurantes clásicos ya no los encontrás tan fácilmente como antes.
CON LOS COLEGAS nos llevamos muy bien. Hay mucha colaboración, particulamente con los chicos de Lo de Juaco, o con los del Sushi de Loreto y Freire. Siempre uno necesita algo y estamos dispuestos a intercambiar ayuda. Si viene uno nuevo no soy de pensar: «Pucha, ¿otro más?». Hay que vivir y dejar vivir.

Dirección:
Freire y Virrey Avilés
Horarios:
Lunes a domingos al mediodía.
Martes a sábados a la noche.

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