En la ciudad pasan cosas, aunque usted no las vea.
Avenida La Plata y Rivadavia.
Esquina caracterizada por su fuerte movimiento. Circulación de peatones por doquier, autos, colectivos, la boca del Subte A (estación Río de Janeiro). Hay también numerosos comercios por la zona… Y mucha gente que acude a esta intersección como punto de encuentro. Por eso, que a nadie extrañe que, a eso de las 5 de la tarde, también esté allí Julián, aguardando a una chica. Se conocieron hace unos días y será su primera cita. Los nervios lógicos crecen a medida que transcurre la espera. Pero enseguida llega ella, Sofía, con la frescura de sus 19 años. Remera amarilla, calzas negras, buzo atado a la cintura… Él, de 24 años, viste jean y chomba. La espera finaliza, la ansiedad se va disipando. ¿Qué hacer en una primera cita? Pues sí, ir a tomar algo, es lo que indicaría ese reglamento nunca escrito de las parejas que intentan dar sus primeros pasitos. Así también lo entienden ellos, parados junto a una de las bocas del subterráneo. Hay bares para elegir con sólo levantar la mirada. “¿Vamos allá?”, pregunta él. “Sí dale”, responde ella. Cruzan Avenida La Plata y entran. Él pide un agua mineral. Ella una gaseosa.
La charla arranca y no sin cierta dificultad, avanza. La vergüenza/timidez/tensión del primer encuentro se hace sentir. Pero las ganas disimulan cualquier contratiempo. El vidrio permite ver el exterior con generosidad. Afuera, rugen los motores: bondis, motos, autos, taxis… La gente camina apurada. Adentro, la parejita se cuenta sus cosas: estudio, trabajo, familia… Una hora y pico más tarde, llega el momento de la despedida. Salen y caminan. Él la acompaña una cuadra, hasta lo de Guadalupe, una chica conocida de ella. Quedan en volver a verse, pero cuándo, todavía es una incógnita. ¿Prosperará la relación? En este momento, quién lo sabe…
Montes de Oca y Río Cuarto.
Desde la estación de servicio ubicada en esta esquina de Barracas, parte el contingente que se encargará de efectuar una visita al barrio. Lo de “contingente” podría tomarse como una delicada ironía, ya que el grupo está compuesto por sólo cuatro integrantes: Diego, su esposa Lucrecia, y sus dos pequeñas hijas. La historia podría resumirse así: papá convenció a mamá de hacer un paseo por la zona este domingo por la tarde, poniendo como principal argumento los atractivos turísticos que tiene Barracas. Sin embargo, en la práctica, sobre todo para ella y para las nenas, el paseo resulta bastante aburrido. Y no sólo eso, hilando un poco más fino, no es aventurado afirmar que hasta peligroso, considerando la atmósfera que irradian ciertas callecitas y recovecos por los que se entrometen, guiados por el intrépido Diego, que, para colmo, no se contenta con mirar sino que además extrae del bolsillo su teléfono para tomar fotografías. Así, recorren las inmediaciones de la Estación Hipólito Yrigoyen, la placita Díaz Vélez, el pasaje Juan Darquier…
De todos modos, la familia no sufre contratiempos. Luego de caminar poco más de media hora, el matrimonio consensua que ya ha sido suficiente. Con los aromas y colores típicos del atardecer sobrevolando el aire barraqueño, arriban a Vieytes y Osvaldo Cruz, donde coinciden varias paradas de colectivos. Uno de ellos, será el que los acerque de vuelta a casa.
(*) Si bien los nombres de quienes protagonizan las historias han sido modificados deliberadamente, las anécdotas son verdaderas.
Foto: Río Cuarto y Montes de Oca (Google Street).