Hoy: Línea 68.
El interno 105 avanza por el Metrobus de Cabildo. En las inmediaciones del cruce con Congreso, levanta pasajeros. Un hombre dice que va hasta Olleros. El chofer, muy joven, le responde que lo puede dejar en Gorostiaga, dándole a entender que en Olleros no hay parada. El hombre, de todos modos, acepta y se acomoda en el interior del colectivo (sólo hay un par de cuadras de diferencia entre ambas arterias). En el trayecto, habrá gente que previamente a pagar su pasaje, dará media vuelta y descenderá del vehículo. ¿El motivo? Recibirán la inesperada noticia de que la unidad cumple un servicio diferencial que, en consecuencia, cuesta aproximadamente el doble del boleto común. Los usuarios frecuentes de la línea no tendrán problemas seguramente para captar la diferencia pero para aquellos pasajeros no habituales, la variante podría pasar inadvertida. En el interior del colectivo predomina una agradable fragancia y está encendido de manera moderada el aire acondicionado, pese a que la temperatura en esta tarde de enero, no llega a los treinta grados.
La prontitud con la cual se unen distancias es notoria. El chofer ya penetró en el barrio de Belgrano, habiendo dejado atrás la avenida Congreso, que la separaba de Núñez.
La oferta amplia comercial sobre Cabildo incluye variados rubros. El gastronómico acaso sea el de mayor presencia. La pizzería Burgio (a pasos de la esquina con Monroe), en su frente, indica que su fundación data de 1932. Por supuesto, también hay más pizzerías y locales de comidas rápidas de nombre extranjero. En la intersección de Cabildo y Olazábal, fuera del rubro gastronómico, aparece otro antiguo local de la zona: “Roberts”, un comercio especializado en venta de telas. Y así, nombrando negocios, se podría seguir y seguir…
En el interior de la unidad viaja poca gente. Sobran los asientos vacíos. Un muchacho de gorra negra que subió con algunos pertrechos incómodos (¿lleva una caña de pescar en esa funda?) prefiere realizar su viaje parado, en la zona central del moderno bus, que cuenta con un dispositivo –en la zona del medio- para cargar baterías de celular. “Cargue aquí”, anuncia un pequeño cartel para que la gente note su presencia.
La gente de a pie circula con generosidad por Cabildo. A la altura de Juramento, un pequeño caniche blanco, muy bien custodiado, cruza la avenida.
El colectivo ya atravesó Virrey del Pino, ingresando al barrio de Colegiales y con una cantidad de pasajeros considerablemente mayor a la que traía un rato antes. Probablemente no hayan transcurrido más de 5 minutos desde que había pasado de Núñez a Belgrano. El Metrobus tiene esas ventajas; aunque a pesar del orden y la seguridad que presenta este corredor en el cual los colectivos no se juntan con automóviles particulares, taxis, camiones, etc… en más de una oportunidad se han dado choques entre vehículos del mismo medio de transporte, y la alta velocidad que suelen imprimirle sus conductores, bien podría ser una de las razones.
La pantalla electrónica emite su programación sin que los pasajeros le presten demasiada atención. Como es natural, la gente elige clavar la mirada en sus celulares. En cercanías del cruce de Cabildo con Federico Lacroze, el dispositivo rectangular devuelve imágenes de partidos de básquet que muy probablemente correspondan a la famosa asociación estadounidense NBA.
En la parada de Gorostiaga, sube una pasajera que, segundos más tarde, repite la costumbre de bajarse tras intercambiar un breve diálogo con el chofer. Sin dudas, también cayó en la confusión de pensar que se trataba de un servicio común, cuando en realidad era el diferencial.