En nada más que unos minutos, cambiará el día y será lunes. Enero atraviesa sus primeras semanas de vida, y el interno de la línea 67 recoge por lo menos cuatro pasajeros en la Avenida Figueroa Alcorta, frente a la imponente entrada de la Facultad de Derecho, histórico recinto, prácticamente inactivo (se ven, eso sí, algunas personas sentadas en las escalinatas) a estas altas horas de la noche y encima, pleno descanso veraniego. A pesar del ascenso de pasajeros, el interior de la unidad sigue teniendo asientos vacíos. Del medio hacia el fondo, hay unos cuantos chicos distribuidos en los asientos. Entre ellos, una nena de una vincha amarilla bastante llamativa. Se aproxima la medianoche, pero claro, acaban de iniciarse las vacaciones y mañana no habrá clases.
Del medio hacia adelante, una mujer sentada junto a una ventanilla, ha estado hablando por teléfono. En realidad, le “habla”, en tono muy bajo, al micrófono de sus auriculares blancos.
Después de la Facultad, del lado derecho surge la Plaza Naciones Unidas –con su monumental flor mecánica- y del izquierdo, la Plaza Rubén Darío. Pero del generoso “verde” de esta zona del barrio de la Recoleta, oculto por la oscuridad de la noche, ya casi nada se ve. Segundos más tarde, a la derecha es fácilmente identificable el edificio de la Televisión Pública. Enfrente, da comienzo el predio de la Plaza República Oriental del Uruguay.
El conductor cruza Tagle. Por ende, el barrio ya no es Recoleta sino Palermo. Aunque la más allá de las denominaciones, el aspecto de esta zona de la Ciudad de Buenos Aires no cambia demasiado. A la izquierda, Uruguay le cede espacio a otro vecino latinoamericano, y la Plaza República de Chile –también la embajada del mismo país- se hace dueña de este rincón palermitano. A la derecha ya no hay más terreno verde sino las fastuosas construcciones del Barrio Parque, que no obstante, se interrumpen para que otro vecino continental, Perú, tenga también una plaza con su nombre.
El tránsito es ágil. En contados segundos, se suceden también las torres del complejo Le Parc y más espacios verdes como las plazas República de Irán y República de Egipto, a izquierda y derecha respetivamente. El chofer aprovecha la rapidez de Figueroa Alcorta, a continuación la de la Avenida Sarmiento (por donde ha girado a la izquierda, tras tomar una rotonda), y pronto llega a la zona de Plaza Italia. En el trayecto ha atravesado el bello paisaje conformado por otros tantos componentes del gran pulmón de la Ciudad, ha pasado junto al Monumento a los Españoles –a la altura de la Avenida Libertador- como así también al predio de la Sociedad Rural Argentina y al ex Jardín Zoológico.
La mujer de los auriculares, sin haber cortado aún su conversación por el celular, se levanta de su sitio, se ubica junto a la puerta central, y se baja en la parada de Sarmiento y Avenida Santa Fe. Desde la ventanilla, se ve como la dama continúa hablando tras haber descendido del colectivo.
La marcha transcurre ahora por el Metrobús de Santa Fe. Cuando el vehículo cruza el Viaducto Carranza y, al trasponer Dorrego, la Avenida se transforma en Cabildo, un pasajero de entre cuarenta y cincuenta años, se dirige hacia la parte delantera; parándose a un costado del chofer, le pregunta si éste es además futbolista. El hombre estaba en lo cierto: la respuesta es un sí. El joven conductor, que parece sorprendido por haber sido descubierto, responde que, efectivamente, ha jugado en Excursionistas, un club del ascenso de la Argentina.
Foto: Revista Colectibondi.