Un tema que toca muy de cerca a las curiosidades que presenta la Ciudad de Buenos Aires, apunta a aquellas calles que en alguno de sus tramos, se convierten en escaleras. Semanas atrás, en este mismo sitio web, Arias, arteria situada en el barrio de Núñez, contó con su espacio compuesto por texto e imágenes, con motivo de cumplir con estas características.

En esta oportunidad, es el turno de Presidente Roberto M. Ortiz, una calle de Recoleta que también presenta cualidades del mismo estilo, pero que además, se ha visto engalanada por particularidades que exceden la existencia de escalinatas en parte de su corto trayecto.

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Por empezar, cabe resaltar el entorno en el que se halla Presidente Ortiz. El bello contexto de esta zona del barrio dificultosamente podría pasarse por alto. Las inmediaciones del Centro Cultural y el Cementerio de la Recoleta, rodeados por amplios espacios verdes como las plazas Francia, Dante, Intendente Torcuato de Alvear y San Martín de Tours, desempeñan un papel primordial a la hora de conferirle grandes atractivos al panorama urbano.

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Y en Guido al 1900 nace Presidente Roberto M. Ortiz (casualmente, en otra parte de su recorrido, Guido también tiene escaleras, tema que amerita un artículo especial), con su singular formato peatonal. Al carecer de calzada, la gente que la atraviesa, lo hace de a pie o, claro está, en vehículos sin motor. En sus metros iniciales, de un lado de Ortiz –a la derecha, yendo desde Guido- se alzan portentosos edificios mientras a la izquierda, la Plazoleta Juan XXIII constituye uno de los tantos espacios verdes que predominan en la zona. En esa dirección pero un poco más lejos, aparecen los muros del Cementerio, la histórica Basílica del Pilar y el Centro Cultural Recoleta, tan concurrido por turistas y paseantes locales. Si se continúa por Ortiz, enseguida surgirá una generosa oferta comercial, oferta donde lo gastronómico, con sus cafeterías y restaurantes, acapara una importante proporción del paisaje. A esa altura, las mesas al aire libre, son un elemento indisimulable.

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La Avenida Presidente Quintana, divide a Ortiz en dos partes de casi idéntica longitud. En sus dos cuadras, cuenta con las mismas cualidades peatonales, aunque al cruzar Quintana, el verde de su costado izquierdo ya no es la Plazoleta Juan José Paso sino la Plaza Ramón J. Carcano. A la derecha, los locales, poco a poco, comienzan a ralear. Y es allí cuando luego de un trecho de unos cincuenta metros desprovistos de todo vestigio comercial (de un lado se encuentra la plaza, y del otro, el frente de un edificio) Ortiz experimenta un descenso de nivel, y una pronunciada escalera actúa para unir su trazado con el de la Avenida Alvear.

Baldosas de color blanco componen el pintoresco sendero, en tanto una ligustrina prolijamente recortada oficia como separador entre Ortiz y Plaza Carcano.

 

Finalizado el descenso, sobre Alvear, una parada de colectivos suele reunir a personas que, concentrando su atención en el arribo de los medios de transporte, parecen ignorar la curiosidad de las escaleras y todo lo que sucede a sus espaldas.

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Con respecto al motivo de la nomenclatura, Jaime Gerardo Roberto Marcelino María Ortiz (1886-1942), fue un político argentino, quien después de haber sido diputado y ministro, llegó a la presidencia de la República en febrero de 1938, sucediendo a Agustín Pedro Justo. Ejerció su mandato hasta julio de 1940, cuando por razones de salud –padecía diabetes- presentó un pedido de licencia, siendo reemplazado por el vicepresidente Ramón Castillo. Pocos días después, falleció.

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