Roberto Wildau vino al mundo en 1941, en Colonia Avigdor, provincia de Entre Ríos, República Argentina. Es hijo de Walther Wildau y Edwig Seelig y ocupa el tercer lugar entre tres hermanos: Ricardo, el mayor, nacido en 1938, y Mariana, la segunda, llegada en 1940. Pasó su infancia en su pueblo de origen hasta los 12 años, cuando su familia decidió mudarse a Buenos Aires. Superada la adolescencia, conoció a Mariana Loewenstein, con quien inició una relación de noviazgo que luego derivó en matrimonio. De esa unión nacieron sus hijos, Darío en 1971 y Vanesa en 1973. Roberto quedó viudo en 2006. En la actualidad (diciembre de 2025), reside en la localidad de José León Suárez, en la zona norte del Gran Buenos Aires, en la misma vivienda que compartió con su esposa desde los primeros tiempos de casados.
“Nací el 22 de noviembre de 1941, en la Colonia Avigdor de Entre Ríos. Mi casa estaba a unos cinco kilómetros del centro del pueblo. Éramos papá y mamá (Walther y Edwig), los tres hermanos (Ricardo, el mayor, Mariana, la del medio y yo), y mis abuelos maternos, Guillermo Seelig y Yohana Lederman. Mis abuelos paternos, Oskar Wildau y Mathilde Shonau, vivían en otra parte del pueblo. Mi familia vino de Alemania, escapando del nazismo. En Avigdor consiguieron una propiedad muy grande, de 300 hectáreas, con un tambo, el único del pueblo que producía leche. Teníamos 250 animales. Cada madrugada había que ordeñar 50 vacas. Mi tarea era la de atar los terneritos. También teníamos unas 1000 gallinas ponedoras, y sembrábamos trigo, lino, maíz. Teníamos carro y sulky, algo poco común en la colonia, porque la mayoría de la gente se movía a caballo o directamente de a pie. Tengo hermosos recuerdos: los de mi casa, la escuela, la escuela hebrea… Volví a Avigdor varias veces. La última, en 2011, cuándo la Colonia cumplió 75 años.
A nosotros nos iba bien… Pero al mismo tiempo había muchos problemas en el campo, por las heladas, las inundaciones. De esa propiedad nos desprendimos por mucho menos valor del que probablemente tenía. Nos fuimos porque casi todos los colonos se iban. Muchos, a Buenos Aires. Nosotros dejamos el pueblo de a poco. Yo tendría unos 14 años cuando me fui. Ricardo ya estaba en Buenos Aires. Mis padres se quedaron con Mariana y a mí me mandaron a la Capital con Rodolfo Leser, un amigo de la familia. Viajamos en tren desde la capital de la provincia, Paraná, hasta Retiro. Después nos tomamos un colectivo de la línea 68 para ir hasta Olivos. Hacía un calor impresionante. Cuando pisé la calle, en Retiro, la suela del zapato se me quedó pegada en el asfalto.
Primero paré en lo de mis tíos en Olivos, Heinz y Ruth (los papás de Edu y Esther). Ellos me trataban muy bien pero yo extrañaba a mis padres. Entonces les escribí una carta diciéndoles que me quería volver. Ese día casi me mata un tren: me fui a escribir a la estación Borges (del actual Ferrocarril Mitre) que quedaba cerca de donde vivía con mis tíos. Sin darme cuenta, me senté en un lugar peligroso, muy cerca de las vías. El tren pasó y me rozó los pies. Me asusté muchísimo.
Con el tiempo, llegó el resto de la familia. Volvimos a reunirnos y nos mudamos todos –mi abuela Yohana, incluso- a una casa, en Florida. Pasaron como setenta años, pero me acuerdo de la dirección: Alvear 1429. La secundaria la terminé en un colegio privado de Caballito, en el turno noche. En forma paralela empecé a trabajar. Por una recomendación de una señora de Avigdor, me tomaron como aprendiz en el Instituto Tousson, una ortopedia importante de la época. Quedaba en Pueyrredón 1318. El dueño era Isaac Tousson, una eminencia en ortopedia. En ese lugar fui ascendiendo y trabajé varios años. Por el Tousson pasaban figuras de renombre. Yo conocí, por ejemplo, a Norma Nolan, que en 1962 ganó el concurso de belleza Miss Universo. Fue la única argentina en ganar ese concurso. También, a Juan Ramón, el cantante”.