“Tenía 19 años cuando conocí a Mariana Loewenstein. Chuchi le decían… La vi por primera vez en ACIBA, el club de donde Heinz y Ruth eran encargados, y donde se reunía frecuentemente gran parte de la familia: hermanos, tíos, primos. Éramos un grupo muy unido. Nos pusimos de novios con Chuchi. Yo tenía 19 años y ella 15. Vivía con sus padres en la zona de Villa Ballester, donde existía una comunidad grande de judíos alemanes. De recién casados, nos mudamos arriba de la casa de Alvear, en Florida. Esa planta alta antes no existía, la construimos para nosotros.

Al poco tiempo falleció mi suegro y nos mudamos a José León Suárez. Ahí nacieron nuestros dos hijos y es donde sigo viviendo. Darío nació en 1971 y Vanesa, en 1973. Por parte de Darío, tengo cuatro nietos: Matías, Tobías, Tadeo y Mariana. De parte de Vanesa, dos: Delfina y Emilia. Chuchi falleció en 2006, luego de pelear varios años contra una enfermedad renal. Estuvimos casados 38 años.  Sufrimos mucho su lucha contra la enfermedad y luego su muerte.

Mi hermana, que también se llamaba Mariana, falleció en 1962, siendo muy joven. Estaba enferma. Fueron durísimos aquellos momentos. Pasó el tiempo, pero creo que todavía me duele. Recuerdo cuando me dieron la noticia. Yo hacía el servicio militar, en Campo de Mayo. En un rato libre, estábamos jugando al fútbol. Un superior me llamó para que fuera a cambiarme. ‘Te vas a tu casa’, me dijeron, sin explicarme más nada. No entendía qué pasaba. Llegué y me enteré. A Mariana la habían internado y unas horas después, falleció. Esto fue un martes. Un par de días antes, el domingo, yo había estado con ellos en franco. Lo que son las cosas de la vida, mi hermana y mi esposa se llamaban igual. Y en homenaje a su abuela, sobre todo, hoy también mi nieta tiene el mismo nombre: Mariana Mía, la hija de Darío, que nació en 2007, poco más de un año después de que se fuera Chuchi.

Del servicio militar guardo otro recuerdo muy duro, aunque no se puede comparar a lo terrible que fue lo de mi hermana. Durante  mi época en la colimba se libró una guerra entre dos facciones militares, los Azules y Colorados. Fue en septiembre de 1962. Volvieron a enfrentarse en abril de 1963, pero en ese momento yo ya me había ido de baja. El presidente era un militar, José María Guido. Hubo enfrentamientos armados en la Capital, la Provincia de Buenos Aires y parte del país, con muertos y heridos. En los combates de 1962 no me tocó pelear pero estuve una semana metido en una trinchera cavada en la esquina de Ruta 202 y Ruta 8. Mal alimentado, casi sin dormir. Estaba en el bando de los Azules, que fueron los ganadores. Cuando terminó todo, la familia me fue a visitar. Hacía como una semana que no me bañaba. Un desastre. También hubo recuerdos lindos de la colimba, uno de ellos es que aprendí a manejar tractores”.

Roberto Wildau

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