“Después del Instituto Tousson tuve unos cuántos trabajos… Uno de los más lindos fue en la pizzería La Paloma, donde estuve desde 1982 hasta 1987. Quedaba en la esquina de Federico Lacroze y Moldes, a pocos metros de la estación Colegiales. Éramos once socios. Se trabajaba muy bien. Teníamos una clientela importante. Más allá de ser uno de los socios, yo también era empleado. Me encargaba de atender en la caja registradora. Al no vivir cerca –porque mi casa la tenía en José León Suárez- viajaba bastante. Me tomaba el tren. Así  llegaba al local y volvía con bastante comodidad, porque Colegiales y Suárez están en la misma línea ferroviaria, la del Ferrocarril Mitre.

Eso sí, no todo fue color de rosa. En aquella época atravesé un grave problema de salud, por esa razón me internaron durante más de dos meses en el Hospital Alemán. Se me había hinchado muchísimo una pierna. Los médicos buscaban y buscaban, sin encontrar la explicación. Hasta que se descubrió que tenía una fuerte infección en la boca, que se trasladó hacia abajo en el cuerpo y me afectó la pierna. ¿Qué paso? Yo fumaba mucho. Eso me generó piorrea, una enfermedad que ataca los tejidos bucales, las encías y el hueso que sostiene los dientes. Durante la internación descubrieron la causa, pero ya era tarde: me tuvieron que extraer quince piezas dentales. Cuando me dieron el alta casi no podía caminar. Y encima con quince dientes menos… Esto originó una anécdota de la que ahora me río, pero en el momento no resultó para nada cómico: me llevaron a ver a una señora que hacía mecánica dental. Era el primer paso de un proceso que en un tiempo me llevó a tener la dentadura postiza. Ni bien me la colocaron, nos fuimos a comer una pizza. Al primer bocado que intenté dar, los dientes nuevos se quedaron adheridos a la muzzarella. ¡El ‘comedor’ entero se me había despegado de la boca!

Otro empleo inolvidable lo tuve en Schuster, la famosa empresa de catering y de organización de eventos, donde trabajé hasta que me jubilé. En Schuster vi pasar a gente del espectáculo, del deporte, de la política… Conocí a Carlos Menem, cuando era presidente de la Argentina. Esto era porque muchos eventos de la política los organizaba la empresa.

He atravesado muchas cosas en mi vida. De las buenas y de las malas. Hoy sigo luchando con problemas de salud, pero al mismo tiempo siento el respaldo de mis seres  queridos que siempre me ayudan. Vivo solo, aunque tengo la dicha de que mi hija Vanesa y su familia viven en la casa de al lado, por eso nunca estoy realmente solo. Además llevo una vida social activa, esto también me ayuda. Me cuesta caminar como antes, pero me las rebusco para seguir en contacto con amigos y conocidos, del barrio y de la vida.

Con respecto a los amigos, han sido muchos, pero me gustaría mencionar a los más antiguos, los de mi pueblo. Los tres hermanos Lange, Raúl, Pedro y Juan; José y Martín Rosental; Enrique Weismann; Roberto Vale; Enrique, Rodolfo y Susy Kaufmann; Manuel Salomon; Gerardo y Sonia Openheimer; Elena Gunver; Ernesto, Martín y Lea Grunewalt… Y dejo para el final a Rodofo Leser, aquel amigo en el cual mis padres confiaron para que me llevara a Buenos Aires. Rodolfo es bastante mayor que yo, hace poco cumplió cien años. Ya no lo veo, pero seguimos en contacto. De todos los que nombré, algunos ya no están, otros sí. Quizás me haya olvidado de alguien… Por si esto sucedió –o si me equivoqué en algún nombre o apellido-, pido disculpas por anticipado y espero que nadie se haya enojado”.

Roberto Wildau

 

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